Perseidas, las lágrimas del Swift-Tuttle

Hay que tener en cuenta que nosotros nos desplazamos a 108.000 km/h por el espacio y que la tierra gira sobre su eje a algo más de 1.000 km/h, así que cada uno de nosotros viajamos, si no calculo mal, unos 2.592.000 km al día sin “movernos” del sitio. Esto implica que también viajamos constantemente en el tiempo con respecto a un observador que se encuentre, por ejemplo, en Marte. Pero eso es harina de otro costal… Esta velocidad acojonante, unida a la propia inercia de la partículas del cometa provocan ese brillo tan espectacular. A veces dejan una estela persistente y poseen un resplandor fuera de lo habitual. En tal caso se las conoce como bólidos.
Para observarlas hay que mirar hacia la constelación de Perseo, hacia el noroeste. Es fácil de localizar si buscamos Casiopea, esa especie de uve doble que se ve en la muestra del Starry Night.
De vez en cuando se produce una tormenta de estrellas, pero es un fenómeno muy poco habitual así que hay que armarse de paciencia, tumbarse tranquilamente bien acompañado y tomarse unas buenas cervecitas frecas o lo que se tercie. Perseo está bien visible a partir de la medianoche, ya dormiremos cuando estemos muertos como decía aquel. La imagen que os pongo es del simulador astronómico Starry Night y muestra el cielo tal y como se ve en Madrid a las 00:00, hora de España.
Mucha, muchísima más información en el Cuaderno de Bitácora de Victor. R. Ruiz.
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