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Maneras de morir

21 de Abril 2004
La profesión periodística tiene su lado dulce (o salado, según te guste la ensaladilla rusa o los donuts). De vez en cuando, en medio del proceso de conseguir la información y redactarla van quedando huecos que se rellenan con charlas y cañas. Hoy mismo, no sé cómo surgió la conversación, divagábamos acerca de cómo nos gustaría morir. Más exactamente de cómo nos gustaría descansar en la eternidad. Que nadie se alarme, sé de muchos jóvenes que ya tienen planeado hasta el lugar y el precio. Nosotros no llegamos a tanto. Además, la muerte es, áunque sea una perogrullada decirlo, una cosa natural. Mejor que nos pille preparados.

Comenzamos por recordar aquellas míticas películas de Christopher Lee (que por cierto, parecían rodadas todas en el mismo palacio, con aquellos cortinones de terciopelo rojo). En una de ellas, el protagonista estaba condenado a ser enterrado vivo ya que todos sus antepasados habían corrido la misma suerte. Terrible destino. Me vino a la cabeza aquella empresa que comercializaba ataudes con teléfono incorporado por si las moscas. Pero no, a mi amigo no le hacía gracia la idea de volver a la madre naturaleza convertido en cagadas de grillos y de lombrices…

Así que exploramos los pros y los contras de la incineración. En principio parece un método aséptico y bastante efectivo, pero corren rumores, seguramente infundados, de que para ser incinerado primero te rompen todos los huesos. Esto es debido a que son muy difíciles de calcinar, no estaría bien que de la urna crematoria surgiese, que se yo, un pié, un fémur, o, peor aún, una pelvis. Descartado. Además, existe una ley que prohibe ser incinerado así, a pelo, por lo que hay que comprar un ataud ex profeso para que le peguen fuego en dos horas, qué derroche… No, tampoco nos convenció la imagen de un carnicero de 120 kilos afilando su hacha con nuestros sesos.

¿Qué nos queda? La criogenización. Se dice por ahí que Walt Disney está congelado, así como otros muchos peces gordos. Nunca oímos al frutero del segundo derecha decir “Ah pues a mi prima la Paca la han criogenizado”, principalmente por que el proceso oscila entre los 30.000 y los 100.000 €. Pero, como todo lo que rodea este asunto, aquí también encontramos el punto gore que nos echa para atrás. Para ser criogenizado primero te decapitan (parece ser que la cabeza requiere un tratamiento especial) y congelan tus dos cachos por separado. Una maravilla, qué gran destino.

Parece que la mejor solución está en no morirse. Se me ocurre que las bitácoras y la letra impresa en general son, en cierto modo, una forma de perpetuarse para los restos.

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