Arista Cortante
Por eso no entendía su situación. El espacio era enorme y no alcanzaba a imaginar en qué punto exacto se encontraba. La rectitud impuesta por las cuatro paredes de color blanco contrastaba con el ventanuco circular que las agujereaba. Negro contra blanco. El negror del espacio, apenas roto por algún lejano y turbador punto de luz. Sólo eso, blanco y negro y la perfecta simetría del cubo. Largo tiempo había pasado desde la última vez que se asomara a uno de los ventanucos. Le producía demasiado dolor y vértigo, la comprensión dolía. Además el paisaje era invariable, tenía una ligerísima idea del cuadrante en el que se encontraba y eso le permitía, muy a su pesar, evaluar las distancias aproximadas de los objetos que veía. Y eran desoladoras. |
Existía otra cosa que le provocaba angustia. Era una mujer que se encontraba en una de las esquinas del cubo blanco. No podía decir ni calcular cuanto tiempo llevaba allí sentada, en aquella posición por el sencillo motivo de que no la recordaba. No hablaba, no se movía, no parecía respirar pero sin embargo vivía.
Le vino a la memoria la reacción de Él ante su primer intento de suicidio. Trató de detenerla pero ya era tarde, el filo ya había hecho su trabajo y de las venas brotaba el líquido de la vida pero al momento el flujo se detuvo ante la pasmada mirada del hombre y la herida se cerró sin dejar marca. Fué entonces, pensó, cuando comprendió. Yo ya lo sabía desde hacía mucho tiempo pero él no quería ver. Fue entonces, también, cuando comenzó a volverse loco. ¡Qué suerte tiene! Míralo, en su mundo lleno de nada.
Solemos utilizar el espacio porque es más poético que la nada. Además así les ofrecemos la posibilidad de sentir esperanza ¿se llama así? porque en el espacio hay estrellas, cúmulos de estrellas, púlsares, agujeros negros, galaxias, cúmulos de galaxias, supercúmulos de galaxias, filamentos de galaxias, quásares e, incluso, planetas. Quién sabe si alguno de nuestros clientes ha tenido algún encuentro con uno de esos maravillosos objetos espaciales. Nosotros no somos malvados pero sí ecuánimes y por eso escogemos al azar un punto del vacío galáctico y soltamos nuestros cubos.
El universo es tan maravilloso… en el discurrir de sus vidas tendrán con certeza la posibilidad de observar todos y cada uno de los objetos anteriormente enumerados. He dicho todos. Porque tarde o temprano se toparán con ellos, sea cual fuere el estado de la materia en el que se encuentren tales objetos. La inmortalidad implica que la posibilidad no existe. Eliminamos la incertidumbre y les ofrecemos a nuestros clientes la tranquilidad.
Curiosamente muchos, antes de conocernos, invierten grandes sumas en protegerse del mundo y de los otros. Además su estatus se mide en función del tamaño de sus recintos de seguridad particulares, tanto móviles como inmuebles. Pero en este estado de cosas las protecciones no son necesarias y las apariencias no existen.
Hemos dicho que existe una claúsula que impide la degeneración pero no así el perfeccionamiento. Las mentes pueden crecer y hacerse más avanzadas. Indudablemente, dada la reducida capacidad del cerebro, algunos de los recuerdo adquiridos en los, digamos, primeros cuatro mil años, deberán ser sustituídos por otros pasados otros 4 o 5 mil años. Pero el núcleo de los años primigéneos permanecerá inalterable. De hecho, este es el principal problema al que nos enfrentamos, aunque de seguro, lo terminaremos por solucionar: Nuestros clientes nunca sabrán realmente su edad pasados cien o doscientos mil años (dependiendo de la calidad de la materia prima) ya que, llegados a este punto, habrán perdido casi todos los recuerdos de la primera mitad de su época inmortal. Decididamente es un fallo imperdonable del sistema, pero como ya he dicho, la posibilidad no existe. Lo solucionaremos.
Los sujetos 1 y 2 por ejemplo, tienen 1.254.123 años y 1.254.135 respectivamente. Fueron nuestros primeros clientes, por tanto, son dos de las criaturas más antiguas del universo. Fueron, por así decirlo, nuestro primer éxito. Aunque nos equivocamos en varias cosas. A partir de ellos nunca más pusimos a dos sujetos en un mismo cubo, ya que comprobamos que tienden a agredirse, sobre todo cuando comprenden su maravilloso don, e intentan matarse entre sí cada cierto tiempo. Pensamos que poniéndolos en parejas les haríamos el viaje más agradable al tener con quien compartir las maravillosas experiencias del universo, pero no fue así. Parece que el odio entre los sujetos 1 y 2 aumenta proporcionalmente al conocimiento que el uno tiene del otro. Más tarde comprendimos que en su sociedad se valen de máscaras y de comportamientos aprendidos que ocultan su verdadera forma de ser a los demás como si de un oscuro y sucio secreto se tratara. Al romper estas máscaras hicimos que se mostraran tal cual eran y parece que estas dos personalidades en particular no congenian pese a que en sus primeros años compartían sus vidas, sus propiedades y sus vástagos. Es por eso que no queremos arriesgarnos más.
Realmente nos desagradan las agresiones y la violencia. Cada cubo posee una imperfección que nos sirve para medir la evolución de las mentes de los sujetos y que a los sujetos les hace comprender su situación. Se trata de una arista metálica cortante que nuestros clientes suelen emplear pasados, según los casos, unos 10 o 20 años. Algunos indivíduos lo intentan antes y otros, los más inteligentes, no lo intentan nunca.
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Comentarios de los lectores:
1. Publicado por rocio:
no es el tipo de respuesta que yo buscaba yo me refiero a un instrumento del paleolitico.Mi respuesta se puede contestar tranquilamente en 2 o 3renglones no en una hoja como me salido en tu pagina web,cambialo por favor
13 de Abril 2007 a las 08:24 PM #


Por eso no entendía su situación. El espacio era enorme y no alcanzaba a imaginar en qué punto exacto se encontraba. La rectitud impuesta por las cuatro paredes de color blanco contrastaba con el ventanuco circular que las agujereaba. Negro contra blanco. El negror del espacio, apenas roto por algún lejano y turbador punto de luz. Sólo eso, blanco y negro y la perfecta simetría del cubo. Largo tiempo había pasado desde la última vez que se asomara a uno de los ventanucos. Le producía demasiado dolor y vértigo, la comprensión dolía. Además el paisaje era invariable, tenía una ligerísima idea del cuadrante en el que se encontraba y eso le permitía, muy a su pesar, evaluar las distancias aproximadas de los objetos que veía. Y eran desoladoras.


