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La muralla flexible

Por fin encontró el desvío hacia la comarcal que le llevaría a su casa. Era una carretera mil veces parcheada, de exíguos arcenes y rodeada de maizales. Por un momento dejó de mirar al frente para buscar un cigarro, lo encendió con la pericia del fumador experimentado y a lo lejos, entre las volutas de humo y envuelta por una niebla cada vez más espesa le pareció ver un figura. Era una persona, no cabía duda y estaba parada en el medio del carril contrario. Deceleró pensando que podría necesitar ayuda pero al llegar a su altura la figura ni se inmutó. Inmóvil, con ropajes tan blancos como el marfil, miraba hacia las murallas flexibles de los maizales. Bajó la ventanilla pensando que podría tratarse de algún tipo de enfermo mental desorientado. “¡Oiga, ¿Se encuentra usted bien”. Preguntó preocupado. Lentamente la figura se fue volviendo hacia él. Nuestro amigo descubrió con pavor que no tenía rostro. Movido por un instinto furibundo pisó a fondo y quemando rueda se alejó de aquella desagradable aparición. Pero en la locura de la huida le pareció distinguir un lamento difuminándose en la espesura verde y amarilla de los campos.
“Es el cansancio, tiene que ser el cansancio” Pensó, “Seguramente lleva algún pasamontañas oscuro y por eso no he podido verle la cara, sin duda está loco y lo encontrarán al alba”. Intentaba convencerse de que todo iba bien, pero su ritmo cardíaco decía lo contrario. Un sudor frío corría por sus manos y las sienes le retumbaban a toda velocidad. Intentó calmarse y proseguir camino. “Curioso, no puedo sintonizar ninguna emisora”. A los pocos kilómetros volvió a distinguir algo en la distancia. El farrallón móvil que le flanqueaba parecía agigantarse ante su avance y ya superaba la altura de un hombre. Esta vez comprobó que no eran una sino siete las figuras que, a diferentes alturas, permanecían inmóviles en el otro carril. Ninguna de ellas tenía rostro y un murmullo sordo y desolador penetraba la carrocería del coche y retumbaba en la aturdida mente del conductor. La última figura era más pequeña, parecía un niño, y comprobó que se movía. Cuando la rebasó no pudo evitar mirarla de reojo y distinguió lo que en un mundo cabal podrían ser los rasgos de un anciano, descarnado y atravesado de llagas terroríficas. El anciano le señaló y fue siguiendo su trayectoria con un dedo esquelético y anormalmente largo.
Continuará…
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Comentarios de los lectores:
1. Publicado por Manuls:
Joe.. ¿tu quieres que no duerma hoy o qué?
que miedo... :s
9 de Enero 2005 a las 09:26 PM #
2. Publicado por Merche:
¡Caramba! Qué buen descubrimiento, este blog jabaliniano. Muchas gracias por visitar el mío y, así, haber podido conocerlo. El relato... inquietante, quedo pendiente de más entregas :)
10 de Enero 2005 a las 04:24 PM #






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